martes, 27 de agosto de 2013
En líneas generales los cuentos dan a conocer un mundo hostil, árido, amargo. Por todos lados aparecen tierras duras, aldeas vacías, injusticias, miserias, crímenes, muertes, sensualidad, venganzas, odios, supersticiones, degradaciones...: un mundo desesperado y violento, presidido por el hambre, la soledad y la muerte.
Algunas técnicas narrativas que emplea Rulfo son: focalización interior de los sucesos (muchos cuentos se narran en primera persona), ruptura del desarrollo cronológico, uso del diálogo o monólogo dirigido muchas veces a un testigo-oyente, que no aparece explícitamente, estilo escueto, repitición de ciertas frases claves, tiempo paralítico que parece haberse detenido.
ºCuentos narrados en primera persona
El cuento consta principalmente de un dialógo entre hijo y padre, cuya relación es pésima. El hijo le pide al padre que cuide de su familia mientras él pasa la frontera para ganarse un poco de dinero. Informa al padre que allí donde viven ya no pueden ganarse la vida reprochándole al mismo tiempo que nunca se ocupara de él. El padre, a su vez, está amargado porque se le murieron su mujer y su hija así que desde que el hijo lo dejó se siente extremadamente solo.
En la segunda parte, introducida brevemente por un narrador en tercera persona, el lector se entera del fracaso del hijo. Al pasar el río, él y sus compañeros fueron agredidos (supuestamente por los apaches) y el hijo fue el único que pudo salvarse del tiroteo.
De vuelta en casa del padre, el hijo le relata lo que pasó pero no cosecha más que reproches. Además, el padre le informa que su mujer le abandonó con un arriero y le exige el dinero que gastó en sus hijos (ya liquidó su casa para este fin). Desilusionado el hijo se va en busca de su mujer.
Lucas Lucatero cuenta en tono muy humorístico cómo diez feas mujeres viejas vinieron a su casa para pedirle que atestigüe que su suegro, Anacleto Morones, fue un santo. Quieren que se le canonice. Pero Lucas Lucatero les dice que fue todo menos un santo. Según él fue un embustero, tenía relaciones sexuales con todas las mujeres del pueblo y hasta con su propia hija, quien se quedó encinta de él. Enfadadas por tal blasfemia las mujeres se van una tras una, excepto la vieja Francisca quien se queda para pasar la noche con Lucas Lucatero y, sin saberlo, lo ayuda a amontonar piedras en la sepultura de Anacleto Morones. Pues éste, al salir de la cárcel, fue a buscar a su yerno y le exigió que le devolviera sus propiedades. Pero Lucas se lo negó, lo mató y lo enterró en el corral. A la mañana siguiente, Francisca le reprocha no que no fue nada cariñosa con ella mientras que “El Niño Anacleto. Él sí que sabía hacer el amor.”
Lucas Lucatero cuenta en tono muy humorístico cómo diez feas mujeres viejas vinieron a su casa para pedirle que atestigüe que su suegro, Anacleto Morones, fue un santo. Quieren que se le canonice. Pero Lucas Lucatero les dice que fue todo menos un santo. Según él fue un embustero, tenía relaciones sexuales con todas las mujeres del pueblo y hasta con su propia hija, quien se quedó encinta de él. Enfadadas por tal blasfemia las mujeres se van una tras una, excepto la vieja Francisca quien se queda para pasar la noche con Lucas Lucatero y, sin saberlo, lo ayuda a amontonar piedras en la sepultura de Anacleto Morones. Pues éste, al salir de la cárcel, fue a buscar a su yerno y le exigió que le devolviera sus propiedades. Pero Lucas se lo negó, lo mató y lo enterró en el corral. A la mañana siguiente, Francisca le reprocha no que no fue nada cariñosa con ella mientras que “El Niño Anacleto. Él sí que sabía hacer el amor.”
Matilde Arcángel, la mujer de Euremio Cedillo, tuvo la desgracia de morir al desbocarse un caballo, el día del bautizo de su hijo. Euremio culpa del suceso al recién nacido, pues con su llanto debió espantar al caballo. Euremio, por tanto, odia desde ese día a su hijo. Se desentiende de él hasta el punto de ir vendiendo, poco a poco, su patrimonio para consumir el dinero en bebidas y dejar así desheredado a su hijo. Euremio hijo creció, a pesar de todo, apoyado en la piedad de otras personas; gustaba de tocar la flauta mientras el padre dormía la borrachera. Un día atravesaron el pueblo unos revoltosos y Euremio hijo se fue con ellos. Detrás llegaron las tropas del gobierno a las que Euremio padre se unió para perseguir a su hijo. Días después regresan los forajidos derrotados. Detrás viene el jóven Euremio, a caballo, tocando la flauta y portando el cuerpo muerto de su padre.
En este cuento humorístico dos compañeros recuerdan (en un diálogo) la fiesta que se montó en honor del gobernador quien vino a visitar al pueblo por el terremoto que se había producido allí. En realidad, había venido para asegurar el apoyo del gobierno en esta situación difícil, sin embargo, por su comportamiento y su discurso se desenmascara la hipocresía del gobierno que deja a su pueblo en la estacada. Finalmente, la visita se convirtió en una borrachera de la buenas, que terminó en un tiroteo tumultuoso. Uno de los compañeros recuerda que por la fiesta y el lío de aquel día hasta se perdió el nacimiento de su propio hijo.
Un viejo transporta en sus espaldas a su hijo Ignacio que va herido de muerte. Su relación es tan malísima que el padre trata a su hijo de usted, pues éste se hizo salteador de caminos. Pero por el recuerdo de su mujer difunta, el padre lo lleva, montaña arriba, hasta Tonaya, en la esperanza de encontrar allí a un médico. No se divisa el pueblo y el viejo al menos quiere que su hijo escuche el ladrar de los perros para asegurarse de que ya están llegando. Al soltar el cuerpo muerto de su hijo destraba difícilmente los dedos con que su hijo viene sujetándose de su cuello y oye el ladrar de los perros. Hasta con esta última esperanza su hijo no lo ayudó.
En un monólogo en presencia de un testigo-oyente, un personaje trata de hacer recordar a otro la vida de Urbano Gómez, compañero de ambos, años atrás. Urbano es hijo de una mujer, apodada la Berenjena, que "andaba metida en líos y de cada lío salía con un muchacho". Era cuñada de Nachito Rivero que abandona a su mujer tras volverse "menso" y que se dedicará desde entonces a tocar canciones desafinadas con una mandolina. A Urbano "lo expulsaron de la escuela porque lo encontraron con su prima la Arremangada jugando a marido y mujer". Por la paliza que le propinó su tío Fidencio, Urbano, lleno de coraje, abandona el pueblo. Pasados varios años, regresa al lugar, convertido en policía y sin querer mediar palabra con nadie. Un día mata, con la culata de su máuser, a su cuñado Nachito que por la noche fue a darle una serenata. Eso le hace huir de nuevo, pero lo encuentran y lo ahorcan.
Feliciano Ruelas y sus tíos Tanis y Librado son revolucionarios. Atraviesan la Sierra y han de viajar de noche para ganar una jornada. Feliciano se detiene y pasa la noche solo, sintiendo el frío del rocío. De día prosigue su camino. De repente, se encuentra con los soldados y con sus tíos colgados de un árbol, cabeza abajo. Siente pánico y se echa a correr entre los pajonales.
El cuento mezcla diálogos, inserciones de un narrador en tercera persona y monólogos.
En un pseudo-diálogo que se revela monólogo, un personaje cuenta a un viajero en camino a Luvina, lo que le pasó en este pueblo siniestro. Él fue allí con la misma esperanza del viajero, es decir, la de encontrar un futuro allí. Pero Luvina es un pueblo hostil y fantasmal ("donde anida la tristeza"), en el que viven sólo los viejos en condiciones miserables, abandonados por los jóvenes y olvidados por el gobierno. Continúan allí para no dejar a sus muertos.
“San Juan Luvina. Me sonaba a nombre de cielo aquel nombre. Pero aquello es el Purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay quien le ladre al silencio; pues en cuanto uno se acostumbra al vendaval que allí sopla, no se oye sino el silencio que hay en todas las soledades. Y eso acaba con uno. Míreme a mí. Conmigo acabó.”
Juvencio Nava mató a su compadre don Lupe Torreros por haberle negado pasto para sus animales. Juvencio es encarcelado. Soborna al Juez. Sale de la cárcel y pasa 35 años como fugitivo, terminando por establecerse en otro terreno. A los 60 años dan con él. El coronel que manda fusilarlo es hijo de don Lupe.
El cuento mezcla diálogos entre hijo y padre, inserciones de un narrador en tercera persona y monólogos del viejo Juvencio.
Se narran las peripecias de unos revolucionarios que roban y saquean para poder enfrentarse después a los federales. Casi todos los revolucionarios son abajeños, pero poco a poco se fueron sumando los indios güeros de Zocoalco y los de Mazamitla. Tras el asalto y descarrilamiento de un tren, las cosas empiezan a ir peor para los revolucionarios. Los detienen y los cuelgan cabeza abajo. Hasta sus gentes los tienen ahora por enemigos. Los que pueden se dispersan. Una mujer espera la salida de la cárcel de uno de ellos: había tenido un hijo suyo cuando, después de matar a su padre, la raptó de su hacienda.
Macario — un idiota — mantiene a lo largo del cuento un monólogo para calmar su miedo. Está sentado en una alcantarilla esperando que salgan las ranas para matarlas y comérselas para que no despierten a su madrina. En su monólogo algo caótico el huérfano discapacitado evoca su situación de marginado en el pueblo (le agreden con piedras), sus temores de ir al infierno después de morir, su hambre insaciable y sus ganas inocentes de chupar los senos de la criada Felipa, que es su único refugio.
El hermano del enfermo Tanilo cuenta (en primera persona) cómo Natalia, su cuñada y él mataron a Tanilo empujándolo a emprender la larga peregrinación a Talpa. Pero después de haber conseguido su meta los adúlteros no vuelven a hablarse por el gran peso del pecado.
“Porque la cosa es que a Tanilo Santos entre Natalia y yo lo matamos. Lo llevamos a Talpa para que se muriera. Y se murió.”
El viejo Esteban, vaquero, trabaja en la hacienda de don Justo Brambila que mantiene relaciones incestuosas con su sobrina adolescente. En una madrugada, Esteban golpea a un becerro para separarlo de la madre. Don Justo, al contemplar el suceso, le propina una fuerte paliza de la que resulta malherido. El mismo día don Justo aparece muerto, y se sospecha que Esteban fue el asesino. Éste, sin embargo, no se acuerda.
“Que dizque yo lo maté. Bien pudo ser. Pero también pudo ser que él se haya muerto de coraje. Tenía muy mal genio.”
Un hombre huye por el bosque. Va dejando sus huellas, por lo que resulta fácil perseguirlo. Perseguidor y perseguido mantienen monólogos entrelazados, que nos revelan paulatinamente que el hombre mató a la familia de su perseguidor porque éste había matado a su hermano. Le torturan remordimientos por haber acabado con toda la familia, pero la oscuridad impidió que pudiera reconocer al enemigo, así que mató a todos.
En la última parte del cuento un pastor de ovejas declara ante el juez que encontró al fugitivo, primero vivo, después muerto. Le acusan de encubridor pero él asegura que no sabía quién era aquel hombre angustiado. “Soy borregero y no sé de otras cosas"
Un niño recuerda la catastrófe que vivió su familia. Una tormenta de verano arrasó la aldea y el agua se llevó también la vaca de su hermana Tacha. Este animal era toda la esperanza de la niña porque el padre se la había comprado como ajuar, para que no acabara prostituyéndose como sus hermanas mayores.
“Y Tacha llora al sentir que su vaca no volverá porque se la ha matado el río. (...) El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición
Un personaje que habla en primera persona, sin presentarse, describe la situación de su pueblo. Todos los habitantes lo dejaron porque dos caziques, los hermanos Torrico, se habían apoderado de todo el terreno. El protagonista se considera amigo de los hermanos y hasta, un día, colaboró con ellos en el asalto de un arriero. Cuando Remigio Torrico llega y acusa al protagonista de haber matado a su hermano, éste acaba con él con una aguja de arria. Le revela al cadáver que él no había matado a su hermano sino que fueron los Alcaraces.
Un narrador en primera persona narra en presente el camino por el llano que está recorriendo junto con tres compañeros. Bajo un calor sofocante, se mueven hacia la tierra que el gobierno les ha dado. El trayecto es tan agotador que ni les da para hablar. En un flashback, el narrador recuerda cómo un funcionario del gobierno les anunció que fueran a trabajar al Llano Grande. Para ellos es una gran decepción porque la tierra es tan seca y árida que resulta inútil sembrar algo.
“Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará aquí. (...) este terreno endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando.
El llano en llamas
En su primera edición, de 1953, publicada en México, D.F. por el Fondo de Cultura Económica, estaba compuesto por quince relatos, algunos de ellos publicados en las revistas Pan, América y otros inéditos, escritos con el apoyo económico de la beca de la Fundación Rockefeller en México y el Centro Mexicano de Escritores. A partir de 1970, fecha de la segunda edición, revisada por el autor, se incluyen dos cuentos más; El día del derrumbe y La herencia de Matilde Arcángel, haciendo un total de diecisiete relatos que conforman la versión definitiva.
Varios de los relatos se desarrollan en el poblado de Comala, ubicada en el estado de Colima, México, escenario también de su novela Pedro Páramo, publicada dos años después que El Llano en llamas. El paisaje es siempre seco y árido, y en él vive gente solitaria, silenciosa y miserable, campesinos mexicanos que sobreviven sin esperanza tras el fracaso de la Revolución mexicana.
Algunos de los cuentos pueden situarse históricamente en la época de la Revolución de 1910 y la Guerra Cristera, como El Llano en llamas y La noche que lo dejaron solo, o en el período inmediatamente posterior a estas, como Paso del Norte, que trata de la emigración de los campesinos mexicanos a Estados Unidos huyendo de la miseria, o Nos han dado la tierra, sobre las consecuencias de la Reforma Agraria.
Esta obra puede clasificarse dentro del realismo mágico. Otra de sus características importantes es el uso del lenguaje popular y la narración en su mayor parte, en la voz de los personajes.
jueves, 22 de agosto de 2013
Fue un incansable viajero y participó de varios congresos y encuentros internacionales, y obtuvo varios premios. Recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1956 por su novela Pedro Páramo.6 Fue ganador del Premio Nacional de Literatura por el gobierno federal de México en 1970.7 En 1974 viajó a Europa para participar en el Congreso de Estudiantes de la Universidad de Varsovia. Fue invitado a integrarse a la comitiva presidencial viajando por Alemania, Checoslovaquia, Austria y Francia. El 9 de julio de 1976, fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, tomó posesión de la silla XXXV el 25 de septiembre de 1980.2 Rulfo ganó el Premio Príncipe de Asturias de España en 1983.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Fue un escritor, guionista y
fotógrafo mexicano, perteneciente a la generación del 52. La
reputación de Rulfo se asienta en dos pequeños libros: El llano en llamas,
compuesto de diecisiete pequeños relatos y publicado en 1953, y la
novela Pedro Páramo, publicada en 1955. Se trata de uno de los
escritores de mayor prestigio del siglo XX, pese a ser poco prolífico. Ha
sido considerado uno de los más destacados escritores en la lengua española de
este periodo, junto a Jorge Luis Borges, por una encuesta realizada por
la editorial Alfaguara
Juan Rulfo fue uno de los grandes
escritores latinoamericanos del siglo XX, en sus obras se presenta una
combinación de realidad y fantasía, cuya acción se desarrolla en escenarios
mexicanos, y sus personajes representan y reflejan el tipismo del lugar, con
sus grandes problemáticas socio-culturales entretejidas con el mundo
fantástico. La obra de Rulfo, y sobre todo Pedro Páramo, es el parteaguas
de la literatura mexicana, marca el fin de la Novela revolucionaria, lo
cual permitió las experimentaciones narrativas como es el caso de la Generación
del Medio Siglo en México o los escritores pertenecientes al Boom
Latinoamericano.
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